¡Derechos
sí, caprichos no!
Mirza era una niña
muy caprichosa. Un día la visitó su
abuela y lo primero que hizo Mirza fue preguntarle
qué le había traído.
—Mucho amor
—le dijo su abuelita.
—¡Ah,
no! Eso no basta —reclamó Mirza.
—No te aflijas,
también te traje un par de zapatos. Nada más
hay que remendarlos, porque tienen ocho años
de estar guardados encima del techo del servicio —dijo
la abuelita mirando los zapatos.
—¡Ay,
no abuela, yo quería zapatos nuevos! ¡Esos
hasta cucarachas traen dentro!
La abuela se quedó
bastante triste. Cuando el papá se enteró,
decidió darle una lección a Mirza al
llegar esa tarde a la casa. Al oir la puerta, Mirza
salió corriendo a preguntarle por los zapatos.
—Sí,
Mirza, aquí están —respondió
el papá—. Solamente hay que mandarlos
a remendar. Cuando venía por el camino se rompieron
los míos y tuve que ponerme los tuyos. Pero
me quedaron muy apretados, así que les corté
las puntas.
—¿Y
ahora con qué voy a ir a la escuela? —
preguntó Mirza, angustiada.
—No te preocupes,
que cuando me paguen te compraré unos zapatos
nuevos bien lindos—respondió sonriente
el padre.
—¡Pero
papá, faltan tres meses para que te paguen!
—respondió la caprichosa Mirza.
—Mientras
tanto puedes usar los de la abuela —dijo el
padre sin perder la sonrisa.
Mariela
Geraldina Mata
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