Gurus / Leyendas
La Cultura Shuar en Ecuador
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A los indios Shuar se los conoció en el pasado como jíbaros o reductores de cabeza. Habitan en el suroriente de la Amazonía, en lo que hoy es el Ecuador, en los valles del Upano, Zamora y Nangaritza. Se hallan étnicamente emparentados con los Achuar.
Tienen un alfabeto y una escritura propia. Son polígamos. Su principal alimento es la yuca pero lo complementan con la caza y la pesca.

Los chamanes (conocidos como uwishin) rpractican ritos con ayahuasca para curar, tener visiones o alejar a sus enemigos. Para conseguir el espíritu guía y protector, los aprendices de guerreros se bañan en cascadas sagradas: el espíritu es conocido como Arutam y muchas veces se aparece en forma de tigre.
Creen en seres superiores, que conviven con el hombre. Antiguamente esta etnia era temida por su ancestral costubre de reducir las cabezas de sus enemigos. Actualmente su número se estima en unos 40.000.

Nunkui, creadora de las plantas
(Leyenda Shuar - Ecuador)

Hace largos años, cuando los shuaras recién empezaban a poblar las tierras orientales del Ecuador, la selva no existía. En su lugar se extendía una llanura manchada solamente por escasas hierbas.

Una de éstas era el unkuch, el único alimento de los shuaras. Gracias al unkuch, los shuaras pudieron soportar durante mucho tiempo la aridez de la arena y el calor sofocante del sol ecuatorial. Lamentablemente, un día, la hierba se esfumó y los shuaras comenzaron a desaparecer lentamente.

Algunos, recordando otras desgracias, echaron la culpa a Iwia y a Iwianchi, seres diabólicos que desnudaban la tierra comiéndose todo cuanto existía; pero otros continuaron sus esfuerzos por encontrar el ansiado alimento.

Entre estos había una mujer, Nuse, quien venciendo sus temores, buscaba el unkuch entre los sitios más ocultos y tenebrosos, aunque inútilmente. Sin desanimarse, volvió donde sus hijos y, contagiandoles con su valor, reinició con ellos la búsqueda.

Siguiendo el curso del río, caminaron muchos días; pero a medida que transcurría el tiempo, el calor agobiante de esas tierras terminó por aplastarlos.

Así, uno a uno, los viajeros quedaron tendidos en la arena.
Inesperademente, sobre la transparencia del río aparecieieron pequeñas rodajas de un alimento desconocido: la yuca.

Al verlas, Nuse se lanzó hacia el río y las tomó. Apenas probó ese potaje sabroso y dulce, sintió que sus ánimos renacían misteriosamente y enseguida corrió a socorrer a sus hijos.
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Última actualización: 4 de febrero del 2005
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